¿A quién no le ha pasado estar viendo un álbum familiar y estar deseando ver fotografías de uno mismo a lo largo de todas las etapas de su vida?, y aún me arriesgaría más a decir que las más ansiadas son las se corresponderían a las de nuestra infancia…
¿Cuál será esa energía o poder abstracto que nos lleva a un estado de bienestar cuando vemos fotografías de nuestra niñez?: La respuesta es muy sencilla… esos recuerdos nos llevan a nuestro niño interior, a la edad de la inocencia, al momento donde nuestra familia es todo nuestro mundo, a nuestro hogar donde nos sentimos arropados y protegidos. Esos recuerdos nos trasladan a nuestras primeras travesuras, nuestros primeros cumples, nuestras vacaciones de verano, nuestra primera comunión… ¿Y a quién no se le dibuja una sonrisa cuando más allá de los recuerdos se ve a sí mismo como un pequeño bebé?; momentos imposibles de recordar por tan temprana edad, pero de los que gracias a las fotografías podemos disfrutar.
Por eso… te hago esta sencilla pregunta… ¿Qué valor tienen tus recuerdos…?
¿Qué valor tiene verte en brazos de papá y mamá? ¿Qué valor tiene ver la complicidad entre hermanos? ¿Qué valor tiene el beso de tus abuelos?… Te respondo yo… su valor es incalculable porque una vez ha pasado ese momento ya no puede volver, y la única forma de inmortalizarlo es a través de las imágenes…
Yo estoy aquí para ayudarte a que además de recuerdos únicos, personales y tuyos sean aún más especiales. Conseguiremos imágenes cuidadas a la par que espontáneas que muestren la esencia de ti y los tuyos, te aseguro que es uno de los mejores legados que puedes dejar a tus hijos, porque todo lo demás viene y va, pero las emociones y la esencia de la familia son para siempre.
Espero te haya gustado este artículo, lo he escrito con el corazón y está basado en mi propia experiencia.